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Ritos de paso

Publicado por tiduser en 18 noviembre, 2006

Los ritos de paso son un tipo de ritos comunitarios que celebran el movimiento social de los individuos, entrando o saliendo de los grupos, marcando la transición de un estado a otro en la vida. La mayoría de ellos se centran en una etapa de transición, conocida como “Liminar”, que significa frontera, umbral, y que se refiere a la inseguridad ante los momentos e cambio.

El nacimiento, la pubertad, el matrimonio o la muerte son ocasiones para celebrarlos debido a su implicación pública, es decir, que no sólo la persona que realiza estos cambios es la involucrada, sino que su entorno tambíen debe adaptarse a ellos. Su función es dar reconocimiento a todas las nuevas relaciones que surgen o se modifican.

Existen una serie de pautas a seguir en su realización, a pesar de las diversas culturas que los practican. Por una parte, las personas que cambian de etapa son separadas de las rutinas de su vida anterior. Por otra, se dan pasos físicos y simbólicos que aseguren la superación del status anterior. Se podría decir que existe un componente de muerte y resurreción del yo: “lo que yo soy antes del ritual muere para dar paso a un nuevo ser después o durante el mismo”. Algunas tribus de África envolvían al candidato en pieles, como representación del vientre materno, como si volviera a nacer. Despúes de esto, los participantes vuelven a su vida normal.

Antiguamente existía también un componente de misterio y secreto. Los candidatos no sabían exactamente lo que les iba a suceder, como ocurre con la mutilación genital, tanto masculina como femenina. Los niños no son informados de lo que va a ocurrir, de esta manera no tienen miedo y acuden sin dudas, a expensas de la ceremonia que posteriormente tendrá lugar.

Un ejemplo de ello lo encontraríamos en los ritos de circuncisión Maasai y Samburu. También llamado Emorata es uno de los acontecimientos más importantes en la vida de estos clanes. Es esta ceremonia la que convierte a los niños en hombres y a las niñas en mujeres, entre los trece y los dieciocho años.

Su preparación comienza dos meses antes de la ceremonia, con la adquisición de unos artículos indispensables: plumas de avestruz, miel y cera y un toro especial para ese día. Las plumas se usan para decorar, a modo de corona, a los jóvenes circundidados; la miel se utiliza para la producción de una cerveza que todos beberán el día en cuestión y la cera es aplicada sobre la punta de las flechas para que no hagan daño a las niñas.

El ritual masculino empieza la víspera de la ceremonia. Su madre le afeita la cabeza y le da ropajes nuevos, él se limpia el cuerpo y se pone sandalias de cuero. Despúes sale de su casa en busca de un árbol pequeño llamado alatim para plantarlo al lado de su casa el día del ritual, como símbolo de su nueva estapa masculina. Tras ésto, el niño va a buscar a la persona encargada de su circuncisión y ésta toma, afila y guarda en un lugar seguro los cuchillos que luego utilizará. Normalmente, esta persona es pagada con una cabra por cada ceremonia realizada. También elegirá a dos hombres que ya hayan sido circundidados para que le sujeten por detrás a la hora de la verdad. Si el muchacho ha tenido relaciones sexuales con una chica circuncidada se tiene la creencia de que los cuchillos quedarán malditos.

El día de la ceremonia, todos los chicos que la realizarán se levantan temprano para celebrar los ritos de purificación. Se laban de su juventud, laiyok, para renacer como un hombre limpio. Este agua, llamada engare endolu (agua del hacha), se guarda junto con este arma para limpiar todos los pecados cometidos hasta el momento. Los jóvenes practican antes de la celebración pellizcándose fuertemente para poder soportar el dolor que la circuncisión conlleva, pues se espera que permanezcan callados como signo de valentía. Si no lo hace, sufrirá las riñas e insultos de sus padres, pues habrá traído la vergüenza para la familia. La ceremonia es oficiada por un Torrobo, como símbolo de los antepasados Masaai.

Tras el ritual, se considera que se ha dado el paso de niño a adulto, por lo que bebe una primera bebida hecha con sangre de ternera y leche agria. Los jóvenes circundidados pasan varios meses en aislamiento para poder recuperarse, dejándose crecer el pelo y pintándose la cara con pintura blanca cuando regresan con el resto del clan. Durante ese tiempo, los chicos se dedican a cazar pájaros para utilizar sus plumas como decoración: si han sido valientes y no han gritado las podrán coger de colores, pero si no lo han sido, sólo las podrán utilizar grises. Cuando terminan su decoración, se afeitan la cabeza y se pintan el cuerpo como símbolo de guerreros jóvenes.

Los rituales de circuncisión de las chicas con semejantes. Ella buscará el alatim, pero serán sus padres los que busquen la miel. Tampoco tendrá que coger ni plumas ni cera. Durante la ceremonia la chica puede gritar, pues no se espera que sea valiente. En un principio no pueden asistir los varones, pero si ésta se resiste puede entrar algún familiar para sujetarla. Después de esta ceremonia la chica (convertida en mujer) ya puede casarse.

Si una chica que no haya sido circuncidada queda embarazada supone una humillación para el resto de su vida. Para recordárselo, se le hacen tres incisiones en el muslo derecho, como símbolo de su estigma. Quedará excluída de cualquier boda, y sólo podrá estar con algún hombre que la acepte y adopte al niño. El padre biológico deberá pagar siete cabezas de ganado al padre de la muchacha, pero si ésta se circundida, la deuda quedará rebajada a una ternera.

Antiguamente el castigo era mucho más severo: se le tendía boca arriba en un camino, se le cubría el vientre con pieles de cabras, se clavaban los pies y las manos al suelo y la dejaban morir. A lo largo de los años este castigo fue cambiando: se le ataba a un poste y se abandonaba desde el anochecer hasta la salida del sol a merced de las bestias salvajes. Si sobrevivía era perdonada y su hijo aceptado por la familia.

Hay ritos de paso tanto en las sociedades agrícolas y preagrícolas como en las modernas, como es el ejemplo del servicio militar. Actualmente, ha desaparecido la Prestación Social Sustitutoria a la “mili”, pero esto no ha impedido que en algunas localidades como Noblejas (en Toledo) se siga celebrando la fiesta de los Quintos, con una revitalización y renovación que la hacen independiente de este servicio militar. Tanto la “mili”, como dicha fiesta, forman parte de lo que se llama “hacerse todo un hombre”, es decir, ritos de paso exclusivamente masculinos. A pesar de ello, tienen un equivalente femenino, las Damas, pero ambos suponen la creación de una jerarquía social de géneros.

Junto a los quintos se encuentran los maricones (de un año menos) y los pelusos (de dos años menos). En Noblejas, los quintos salientes organizan en la fiesta de San Antón una cena con los quintos entrantes en la que se produce el “traspaso de poderes”. A partir de ese momento, los quintos, maricones y pelusos se lanzan a las calles. Los primeros se dedican a hacer pintadas en las casas o a cantar canciones en la plaza del ayuntamiento, y los segundos buscan a los pelusos para tirarles todo tipo de objetos y alimentos (como huevos podridos, ketchup, escayola, betún…).

En esta celebración se pueden observar claramente una serie de estadios para llegar a ser quinto, puesto que primero se ha de ser peluso y luego maricón. En la cúspide se encuentran los “wisas”, que gozan de respeto y que cuentan los días para abandonar el cuartel. Más abajo se encuentran los “padracos” que podrían definirse como veteranos, pero que han de ganarse en respeto maltratando a sus inferiores, como serían los “chinches” o “pelusos”. Las quintas son las amigas de los quintos, pero que sólo son acompañantes y objeto de las pintadas de éstos.

El día grande es el llamado “Domingo Gordo”, pero la celebración ya comienza el sábado con una serie de pautas que han de seguir. La tradición exige el uso de ciertos símbolos y el desarrollo de ciertas actividades que, posteriormente, se mantienen de generación en generación, aunque existe la posibilidad de variantes en función de lo realizado por los grupos anteriores. Es decir, deben mantenerse fieles a la tradición mientras deben innovar para hacerse diferentes y pasar a la “historia” de los quintos de Noblejas.

Una de las características de esta fiesta es el uso ficticio de la violencia como símbolo, para crear una especie de amenaza al resto del pueblo. Esta violencia se usa con un doble sentido: por un lado marca la jerarquía entre las distintas generaciones, cada una de las cuales desarrolla un determinado rol, pero también marca una cierta jerarquía de género, que se ve en las ofensas de los quintos hacia los maricones y las mujeres. Por otro lado, la violencia es usada como símbolo de las tensiones sociales, es ficticia, por lo que, en esa situación, es considerada como lúdica al tratarse de una fiesta y no de un evento traumático.

En el “Domingo Gordo” alcanzan la madurez para contituirse como verdaderos hombres, preparados para dictar y restablecer el orden alterado los días anteriores. Tras esto, quintos, pelusos y maricones de van a cenar juntos, esperando al año siguiente en el que, a los primeros, ya sólo les quedará el “traspaso de poderes” a los actuales maricones.

Como se nombró anteriormente, existe una fiesta equivalente a los Quintos, las Damas, en la que actúan las jóvenes de entre 15 y 18 años. Pero en este caso no se trata de un rito de paso propiamente dicho, sino de una reafirmación del estatus social. Es semejante a un concurso de belleza, las damas sirven de ornamento estético para los actos públicos, en los que salen acompañadas del brazo de un varón. Durante estos actos, están expuestas al juicio público y a cualquier tipo de crítica, por lo que se les exige que cuiden su imagen.

Las damas son convocadas a participar, mientras los quintos son responsables de su propia asociación y toma de decisiones. Las damas casi no tienen libertad de decisión, todo está organizado para que puedan lucirse, y siempre van acompañadas, al contrario que los quintos, hecho crucial para marcar su masculinidad. Es decir, las chicas tienen un papel de dependencia social, y pertenecen bajo la protección paterna en ausencia de acto alguno que marque, como en el caso de los varones, su madurez o mayoría de edad.

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